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El Banco de Guatemala necesita una presidencia técnica.

En Guatemala hablamos constantemente de la importancia de fortalecer nuestras instituciones. Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre lo mucho que depende nuestra estabilidad económica de las personas que están al frente de ellas.

El Banco de Guatemala es un buen ejemplo. Aunque para muchos ciudadanos parece una institución lejana, sus decisiones terminan influyendo en asuntos tan cotidianos como el costo de la vida, el valor de nuestros ahorros, las tasas de interés y la confianza para invertir y generar empleo.

Por eso, la elección de su Presidente merece especial atención. No debería tratarse como un nombramiento político más, ni como una oportunidad para reconocer amistades, compromisos o afinidades partidarias. Es una responsabilidad que exige conocimientos, experiencia, independencia de criterio y, sobre todo, un profundo sentido de compromiso con el país.

No basta con ser un buen administrador o tener una trayectoria destacada en el servicio público. Dirigir el banco central requiere conocer a fondo cómo funciona la economía, comprender los riesgos que enfrenta el país y tener el criterio necesario para tomar decisiones que no siempre serán fáciles ni populares.

Uno de los mayores logros que Guatemala debe procurar conservar es la estabilidad de su moneda y de  la estabilidad de los  precios. Esto tiene un valor enorme para todos, especialmente para quienes viven de un salario y deben hacer rendir sus ingresos ante los nuevos costos de vida. Cuando los precios aumentan sin control, las familias pierden capacidad de compra y se vuelve más difícil planificar el futuro.

También es importante recordar que la confianza no se construye de la noche a la mañana. Se gana durante años, con decisiones responsables, consistencia y respeto por las instituciones. Pero esa confianza puede debilitarse rápidamente cuando surgen dudas sobre la independencia de quienes toman las decisiones.

La ley establece que corresponde al Presidente de la República hacer este nombramiento. Es una atribución legítima, pero también una gran responsabilidad. Lo verdaderamente importante es que la persona designada pueda ejercer sus funciones con libertad de criterio, sin compromisos que interfieran con sus decisiones y con la capacidad de trabajar por los intereses del país.

Guatemala necesita que sus instituciones estén por encima de los gobiernos de turno. Los presidentes cambian, las circunstancias políticas cambian, pero la responsabilidad de proteger la estabilidad económica permanece.

Al final, el tema es bastante sencillo: debemos aspirar a que una institución tan importante sea dirigida por alguien que conozca profundamente el nivel de la responsabilidad que asume, y así mismo, que tenga independencia para ejercer dicha responsabilidad  y que inspire confianza en su ejercicio.

 

Nota

El presente documento tiene objeto informativo y no constituye una asesoría legal. Cualquier consulta sobre un caso en concreto, por favor comunicarse con nosotros para brindarle la asesoría jurídica pertinente.

 

Departamento de Derecho Bancario. Berger Pemueller y Asociados. S.C.

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